EDITORIAL
SOBRE LA MALA FE ECOLOGISTA
Valdemoro,27 de mayo de 2026
A quienes sobre el terreno hemos podido evaluar los indiscutibles daños ocasionados por la maquinaria de TRAGSA a los jóvenes plantones de encina, coscoja y demás especies, provoca sonrojo que desde un confortable despacho madrileño se pretenda negar la evidencia de modo tan necio.

En un primoroso alarde de cinismo y deshonestidad, “fuentes“ de la Consejería de Medio Ambiente han declarado —a propósito de las tropelías de TRAGSA en el Cerro de la Mira— que las fotografías que aportamos a la denuncia “están realizadas con maldad”.
Si el ocurrente comentarista estuviera en realidad juzgando la calidad de las mismas —sin duda manifiestamente mejorables— nada cabría objetar y tocaría asumir por nuestra parte la crítica y esforzarnos más en la próxima ocasión. Pero por desgracia la intención del comentario es bien distinta. Atribuir tan aviesas intenciones a una organización de defensa ambiental como la nuestra da idea precisa de la catadura moral del autor de semejante valoración. A quienes sobre el terreno hemos podido evaluar los indiscutibles daños ocasionados por la maquinaria de TRAGSA a los jóvenes plantones de encina, coscoja y demás especies, provoca sonrojo que desde un confortable despacho madrileño se pretenda negar la evidencia de modo tan necio.
Pero es que además es tan torpe su intento de echar balones fuera —negando la evidencia y ensuciando de paso la labor ecologista— que en su respuesta a la Cadena SER dichas fuentes están reconociendo la incapacidad de quienes, con tan pésimo criterio técnico, decidieron introducir “bajo zonas de sombra” los plantones supuestamente fracasados antes de los tratamientos selvícolas. Implícitamente se está reconociendo que los criterios manejados desde la Consejería y sus adjudicatarias, dejan mucho que desear, y que el elevado porcentaje de marras (planta muerta) es consecuencia lógica de la mala planificación y la falta de riego y seguimiento tras las reforestaciones. Es inaceptable que se estén dilapidando recursos públicos de manera tan burda e irresponsable.
De reforestaciones disparatadas promovidas en este mismo MUP por la Comunidad de Madrid ya tuvimos suficiente muestra en 2012, en el pinar de Valderremata, que ocasionaron daños irreparables en la roca madre del cerro, en lo que resultó ser un flagrante ejemplo de desatinos en los que, como ahora, nunca debieran incurrir unos gestores verdaderamente competentes.