Ecovidrio y el lavado de imagen verde

Valdemoro,18 de noviembre de 2019

 

Días atrás el @Ayto_Valdemoro anunciaba una nueva campaña sobre reciclaje de vidrio dirigida a la hostelería y en colaboración con Ecovidrio.

Como es sabido, la ley obliga a la recuperación y el reciclaje del vidrio con el objetivo de evitar que este termine en el vertedero.

Ecovidrio, como Ecoembes, es un conglomerado de empresas autodenominadas “sin ánimo de lucro”. Sin embargo, su proceder, como ya alguien apuntó, es merecedor más bien de la etiqueta “sinónimo de lucro”, dado que el objetivo principal de estas entidades es librar a los envasadores de sus responsabilidades legales al menor coste posible. Una maquinaria publicitaria bien engrasada propaga, sin escatimar recurso alguno, las bondades de un sistema que, según nos repiten machaconamente, vela por el medio ambiente.  

Las organizaciones ecologistas venimos apostando sin éxito -en ello tiene una importancia decisiva el rechazo frontal de Ecovidrio y Ecoembes- por el llamado sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR). Este mecanismo, tradicional décadas atrás en nuestras casas, incentiva la participación del consumidor, al reintegrarle la cantidad de dinero que aportó en la compra del envase en concepto de depósito. El SDDR funciona con probado éxito en una treintena de países, garantizando unas tasas de reutilización y reciclado superiores a las alcanzadas por el sistema que defienden estos lobbies empresariales. 

Esgrimen por el contrario estas “benefactoras” corporaciones que la aplicación del SDDR supondría penalizar al ciudadano, al tener que adelantar una cantidad no recuperable en caso de pérdida o rotura del envase. En la actualidad las empresas pagan por cada botella y envase que luzca el símbolo de una flecha verde (el llamado Punto Verde). Este distintivo sin embargo no aparece en todas las botellas en circulación. La implantación del SDDR supondría un mayor control de los envases, mayores tasas de recuperación y las empresas –y esto es fundamental- tendrían que pagar por el coste real, algo que felizmente se ahorran con el actual sistema.

Como se ve, los intereses empresariales siguen anteponiéndose al bien común. La campaña local de reciclaje de vidrio,  jubilosamente presentada por la alcaldesa en funciones, Raquel Cadenas, transmite la engañosa impresión de que vamos por el buen camino.