EDITORIAL
RIESGOS Y AZARES DE UNA MACROGRANJA VALDEMOREÑA
Valdemoro,17 de octubre de 2025
Hace unos días supimos por la prensa de la aparición del primer foco de gripe aviar en la Comunidad de Madrid en una granja de Valdemoro. Vana tarea la de intentar rastrear en las crónicas el nombre de la empresa afectada, aunque solo fuera por disponer de información útil para evitar incautas aproximaciones a la zona cero. Conmueve la discreción que, en ocasiones así, suelen exhibir medios y gobernantes para salvaguardar intereses empresariales, por más que esta estrategia menoscabe el derecho de la ciudadanía a identificar potenciales amenazas a la salud pública.
La empresa en cuestión, Granja Padrino Vilela, basa su actividad en un modelo industrial de ganadería intensiva de alto coste ambiental y crecientes riesgos sanitarios. Esta modalidad de explotación animal conlleva el hacinamiento de centenares de miles de aves en enormes granjas industriales que posibilita, como se viene advirtiendo con insistencia, un cóctel explosivo para la proliferación de zoonosis diversas, como la propia gripe aviar.
No puede obviarse en el análisis un aspecto primordial como es el del bienestar animal, cuestión esta de muy difícil encaje en patrones de explotación animal como el representado por esta macrogranja valdemoreña. El colofón lo ha puesto precisamente el sacrificio masivo de más de 450.000 gallinas, cuyos cadáveres habrían sido sepultados en terrenos del titular, en una decisión autorizada por los responsables regionales.
Uno de los impactos ambientales de la concentración de cientos de miles de gallinas es la emisión de ingentes cantidades de amoníaco, un gas tóxico de efectos devastadores para el medio ambiente y la salud humana. A ello se añade el riesgo de contaminación de acuíferos por nitratos, además de la emisión de gases de efecto invernadero como el óxido nitroso, el metano y el dióxido de carbono.
Respecto a los riesgos potenciales sobre la salud humana no se olvide que a menos de 500 metros de las naves se levantan las primeras viviendas del Restón II. Por no mencionar las numerosas parcelaciones y asentamientos a escasos metros, cuya ilegalidad denunció desde 2019 Espartal-Ecologistas en Acción sin que movieran un dedo las mismas instituciones que ahora establecen zonas de protección y vigilancia, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Valdemoro.
Para suministrar agua al más de medio millón de gallinas y limpiar sus instalaciones, la macrogranja explota tres pozos de agua subterránea con un consumo anual superior a 67 millones de litros, cantidad en teoría limitada en la concesión autorizada por la Confederación Hidrográfica del Tajo. Para hacernos una idea digamos que el consumo de este recurso realizado por la granja durante un año equivale a la capacidad de agua que acumulan 27 piscinas olímpicas.
En marzo de 2021, dos de las naves de la planta fueron pasto de las llamas, incendio en el que dos trabajadoras llegaron a sufrir intoxicaciones leves por humo. El siniestro se producía dos días después de aparecer en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid la resolución de la Directora General de Sostenibilidad y Cambio Climático en la que se sometía a información pública la documentación de la revisión de la Autorización Ambiental Integrada (AAI) tramitada a petición de la empresa. Tras el accidente, esta solicitaría a la Comunidad de Madrid un aumento de su capacidad de producción hasta 95.660 aves ponedoras en suelo y 337.840 en jaula, incremento finalmente autorizado por la Dirección General de Transición Energética. Y en estas estamos, hasta la próxima ampliación o el siguiente brote vírico.
Garrett Hardin nos previno hace tiempo sobre las consecuencias derivadas de la socialización de las pérdidas y la privatización de los beneficios. Cómo no recordar sus palabras a la vista de prácticas empresariales que nos ponen colectivamente en riesgo en contraste con las facilidades y prebendas de que disfrutan.